Reflexiones (tardías) a propósito del ENDEI 2016

Entre el jueves 14 y el domingo 17 de abril se reunió en Castellón un grupo de personajes variopintos de diferentes gremios: del mundo editorial, de la escritura, del periodismo, de la corrección y también algunos del gremio de traductores —extrañamente hubo muy pocos, ¿dónde estabais metidos?—. En definitiva, juntaletras en todas sus versiones. Se celebraba esos días el ENDEI 2016, el Encuentro Nacional de Editoriales Independientes.

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Nuria Varela (Hotel Papel), Carmen Moreno (Cazador de Ratas), Aitor Gálvez (Los Libros del Imaginario)

En este encuentro, no sólo se organizan las charlas de rigor, sino que también se programan varias sesiones de citas rápidas con los editores, una oportunidad bulliciosa pero perfecta para poder hablar cara a cara con ese alguien misterioso que a veces nos imaginamos encerrado en su torre de marfil y fumando en pipa, lanzando manuscritos a la basura con el ceño fruncido pero que, en el fondo, es un alguien mucho más accesible y amable, que comparte con nosotros, los traductores, algo fundamental: el amor por la literatura.

Esos cuatro días, con sus correspondientes charlas, mesas redondas y presentaciones de las editoriales —31 en total, casi nada— no sólo han sido magníficos para entender (un poco) el mundo de la edición, las librerías, las distribuidoras, etc. sino también el de compañeras escritoras, revisoras e ilustradoras. Todas las partes del mismo mundo que empieza y acaba con un libro.

Aunque en los mundos traductoriles seamos mucho de asistir a eventos de traductores para hablar de traducción, de traductores, de cómo se traduce y se deja de traducir —y oye, que también es estupendo—, a veces hay que salir un poco de la cueva para ver qué dicen desde la otra orilla para entender qué lugar ocupamos y por qué lugar debemos pelear en el mundillo de la traducción literaria y editorial. Para entender las frustraciones y problemas ajenos, su día a día, y comprender así por qué suceden a veces las cosas de la manera en la que suceden.

¿Y qué me encontré y me llevé del ENDEI?

Por una parte, ponerle cara, nombre y apellido a editoriales jóvenes pero que han empezado por el buen camino como RasmiaTolstoievskiLos Libros del Imaginario,  Cazador de RatasAristas Martínez (por mencionar sólo algunas), otras que ya llevan más andadura, como Alpha Decay, Sajalín, MelusinaHotel Papel, Turner, Tropo, Los Libros del Zorro Rojo, DémipageYa lo dijo Casimiro ParkerLos Libros del Innombrable, Kailas, Versátil, hasta Pre-Textos andaba por allí, que este año cumple 40 editando libros (¡felicidades!)… pero de todas me quedé con la misma sensación: unas ganas poderosas de hacer algo que deje huella, libros que perduren, un legado cultural  —a mayor o a menor escala—, rescatar voces que sean importantes y tratar de llegar a todo y hacerlo bien (a pesar de las montañas de manuscritos que les llegan cada día, algunos decían que reciben hasta sesenta y setenta diarios, ¿seguís extrañados de que no os respondan a los correos?)

Otra cosa muy valiosa que me llevo de esos días es todo lo que pude preguntarles sobre el mundo de la traducción, pues muchas veces una se queda pensando en casa cuando envía la traducción de un libro: ¿qué pensará el editor o la editora? ¿Tendremos el mismo concepto de traducción? ¿Qué esperan y qué no esperan nuestro trabajo? (Que una ha visto cosas muy variopintas, que ya quedan para otra entrada).

En la mesa redonda sobre la edición de ensayo, por ejemplo, el comentario general de las editoriales fue que se suele buscar a un especialista en la materia aunque no sean traductores —del mundo de la Filosofía, la Sociología, la Historia…— para ciertos autores «clásicos», pero que suelen decantarse más por traductores profesionales para ensayos menos complejos o de autores que todavía no han creado escuela de estudiosos.

En el caso de la poesía, por irnos a otro superventas del mundillo editorial, las traducciones funcionan de manera muy diferente. Recuerdo que uno de los editores de Pre-Textos, Manuel Borrás, me regaló la «Autobiografía de rojo» de Ann Carson cuando le entregué mi primera novela mientras me preguntaba, «¿traduces poesía, Núria?», pregunta ante la cual mi cara tuvo que ser un reflejo del pavor más primario. Me tendió el libro de Ann Carson y me dijo, «el traductor ha tardado seis años en traducir este poemario, para que veas cómo funciona esto». Y eso se reflejó también en esa mesa de poesía y en las conversaciones que pude mantener con algunos de los editores que se dedican principalmente a este género, como Ya lo dijo Casimiro Parker. Otros procesos, otros tiempos. Las cosas en este mundo tan maravilloso como es el de la poesía no funcionan tanto por encargo como por «pulsión», por lo que atrae, persigue y obsesiona a la traductora, que decide meterse de lleno en la traducción de un poemario sin decírselo a nadie (ni al editor, quizá) y que lo que le presenta es una parte ya elaborada, aunque sea a medias, de cómo será la traducción final.

Otro caso que me pareció muy interesante de cara al mundo de la traducción fue el de las editoriales que publican libros infantiles y juveniles. En estos casos, las editoriales suelen buscar también un perfil de traductor (y hasta de revisor) que esté cerca del mundo de la infancia, de su lenguaje y de su mundo, como me comentaba Aitor, de Los Libros del Imaginario.

Un debate que también salió a relucir en varias mesas redondas y charlas fue el de que el público español valora más la literatura extranjera que la patria, por lo que muchas veces —pese a los costes de derechos y de traducción— es mucho más rentable a la hora de vender libros optar por una firma extranjera que por una nacional, que puede que ya venga avalada por cierto éxito en el ámbito anglosajón —las puertas al mundo—. Hasta hay autores que, en ciertos géneros, como la novela romántica, han de escribir bajo un pseudónimo que suene de Oxford para vender libros—. A lo que a los traductores literarios respecta, puede parecer un dato positivo para el gremio, aunque también nos carga con una responsabilidad de la que debemos ser conscientes: si no se publican voces de aquí para traducir voces de otros lados, tenemos la obligación de que esas traducciones que pasen por nuestras manos sean traducciones cuidadas, que den en el clavo, buena literatura escrita en español (aunque en su día estuviera en otro idioma).

En resumidas cuentas, aunque aquí sólo haya podido recoger algunos fragmentos de aquellos cuatro días tan intensos, creo que si me quedo con algo es con que hay que ponerle mucha pasión a este mundillo, que aunque a veces sea más duro, es tremendamente gratificante; que hay que jugársela igual que se la juegan editoriales pequeñas y librerías pequeñas (tanto cuando compramos, como cuando escribimos, traducimos, recomendamos). Que vale muchas veces la pena trabajar con una editorial que no venda millones de libros, pero que respete nuestro trabajo, nuestros plazos y nuestra labor de creación.

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Citas rápidas con las editoriales. Estresante se queda corto.

Ya por último, y no por ello menos importante, agradecer a todos los miembros de la organización (Patricia, Pablo, Javier, y Juanvi, librero de Argot) haber orquestado un encuentro tan estupendo y habernos dado a muchos la oportunidad de poner cara a muchas editoriales, hablar con ellos y aprender de esos cuatro días de literatura, debates, presentaciones y conversaciones aceleradas.

¡Hasta el año que viene!

Núria Molines

 

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3 comentarios en “Reflexiones (tardías) a propósito del ENDEI 2016

  1. Tive Martínez dijo:

    Nuria, yo asistí como traductor literario especializado en poesía, pero solo me adjudicaron dos editoriales (que para más inri ya tenían cubiertas sus necesidades). Pude presentarme a alguna más por mi cuenta, aunque me fue imposible hablar con Pretextos.

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    • NuriaMolines dijo:

      ¡Hola, Tive!
      Supongo que al presentarte como traductor especializado en poesía te asignaron sólo esas dos editoriales, pero igual de cara al año que viene yo le pediría a la organización que me incluyera en las citas con todos los editores. Además, no todos los editores vinieron todos los días, y algunos sólo tenían citas rápidas un solo día, pero bueno, en todo caso espero que el año que viene vaya mejor. Yo acudí todos los días aunque no tuviese cita, para asistir a las charlas y para poder hablar con todos los editores.

      ¡Un saludo!

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  2. Tive Martínez dijo:

    Espero que corrijan cosas como la insistencia en no llevar ningún dossier, currículum, manuscrito. No entiendo por qué me lo dijeron así desde la organización y, en cada ocasión en que reclamé, su respuesta fue que los editores no aceptaban “papeles”. Fui a pelo, como buen chico que soy. Estaría bien también que para el próximo año, si estamos vivos, las editoriales indiquen qué buscan exactamente, porque no tiene sentido postularse como traductor a quien no los busca porque ya los tiene o no los necesita.

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